Lugares comunes para un pensamiento pequeñoburgués supuestamente diferenciado o ese tufillo a California en todas las vidrieras

Un sábado al atardecer en un barrio se vive mejor. Y si el verano está cerca mucho mejor. Por las calles anchas, diremos, por la brisa fresca de la tarde que se cae pero sin lastimarse, por todo lo que está vibrando en ese momento auspiciando lo que será a la noche.
Tenemos una misión y es pegar afiches para una próxima edición de un festival de cortos en la ciudad. La pegatina se sucede sin sobresaltos excepto la mala onda en alguno de los sitios escogidos, la tardanza en la heladería “de cadena” pues había que consultar al supervisor. Stop: ahí el chico me dice que le gusta el cineclub y que él era socio y que iba con su novia antes más seguido pues ahora tiene que trabajar mucho más tiempo.
Calle ancha, dije, moto que acelera y deja que el viento nos pegue en la cara. Vamos sin hablar, hasta que llegamos al video club arty del barrio. Tiene estrenos, claro, pero es de un coleccionista, así que eso no es pura fiesta de sensibilidad globalizada toooodo el rato. Hay un grupo de amigos eligiendo la peli y empieza mi película de novela noventísima: las chicas de top que deja ver la cintura, los pelos lacios y largos y el hopo en el medio, y el chico con malla hasta las rodillas y remera grandota que deja oculto lo que todavía está ahí, a punto de expandirse como un torso infinitamente abrasador. Stop and then: Madre e hija recorren los estantes del brazo invisibilizado obligatoriamente de uno de los dos chicos que atiende, les dice esta está buena porque es como loca. Ah, a ella le encantan las películas locas, dice la mamá. Cuál sería no pude ver…pero sus avatares de femmes de vidriera California me inflaron el prejuicio un ratito antes de que estalle como un globo cumpleañero puesto a cumplir su función con demasiado ímpetu. Madre e hija son de las que van a rentar películas al son de: ¿cuál está buena? No es necesariamente malo, es un dato el que estoy dando.
Stop and glory: El otro chico que está detrás del mostrador le dice al señor de bermudas hechas de un jean cortado de manera prolija y anteojos de marco de metal-plata que dicen “tengo estos anteojos porque no veo de lejos y punto” (como tranquilizador a esta altura de lo que está de moda gritándonos todo el tiempo desde los escaparates). Bueno, este señor al chico le dijo “-qué buena película me recomendaste el otro día”, y el chico le dice: sí, pero esta me cambió la vida.
Stop por respeto a lo enunciado y sigo: Madre e hija ya están con su cajita de película elegida en la mano y se ríen y espetan: qué buen vendedor.
A esa altura ya pegué el afiche, agradecí, volví a mirar el rostro del niño con las amigas y sentí nostalgia de ese living, esa noche, todos juntos, alguien que pone play y toma un trago de cerveza y se ríe de los dos que están al lado casi besándose, mientras les pone un almohadonazo pero suave en las rodillas.
Salgo del video, D. me cuenta el tiempo que tardé en la gestión, me vuelvo a sentar en la moto y me agarro del asiento antes del primer envión que bambolea y pienso en la pasión pero cuando viene así como avalancha y me quedo ahí, difusa: como aplastada y resurgiendo. Es mi prerrogativa. Un sitio para hacer propio... por no traicionar más al mundo, antes que nada.

no escribiría

al leer, pienso:
entonces es eso:
no escribiría,
no exactamente.

sería un balbuceo de letras en otoño
que se retiran hasta que el sol se haga más fuerte

pero así el método,
las palabras llegan al papel quemándose la planta de los pies.

Cerrar de ojos y desear

Con algunas nuevas muertes vibra aquella que seguimos oyendo como principal, intacta de los años.
Como un trompo o una trompada o
un cachetazo ineludible para acercarnos a lo verdadero.


Unas fogatas y alrededor las personas
hablando de otro que tampoco está.
Un inmenso de de veras,
que no hizo más que la belleza ininterrumpida:

vuelvo la cabeza para contar,
se alejan de nuestro lado muchos más así.
En esta traición al poema,
mi mamá y el cantante de los Clash se abrazan y sonríen para mi foto favorita.

La visita

Siempre es lo más intenso, volver a verte
Ir de visita ahí donde ahora vivís,
Rodeada de un mar quieto.

Con estos versos te regalo una cama de amapolas
las historias de las mujeres que te hubiera gustado ser
Los mejores momentos de ese amor alejado antes de tiempo:
los abrazos que tu orgullo no se permitió volver a dar.

Quizás aquel conjuro que no te deja la paz,
sea el mismo que te otorga la suerte del sufrir lo menos algunas veces,
Por fin.

Mientras arreglo tus uñas te miro y me desespero de amor.
Te pienso a salvo de la estupidez del mundo,
Y esa idea me devuelve reconfortada.

Mientras algunas lágrimas recorren la mejilla pues te evocan,
te abrazo hoy, por todas las horas pendientes.
y más cerca de vos duermo ese sueño que es un encuentro con todo lo que no te deja nunca más sola.

La más trash de las Ingalls (txt para Jueves Malditos 05/08/2010)

Oh, sí. Una pesadilla. Una pesadilla espantosa. La señora Oleson arrojaba pedazos de pollo a un sucio sótano. Mi camisón blanco estaba lleno del fango que había como piso. La señora Oleson decía palabras duras, mientras de un balde tomaba los trozos del animal cocido sin amor y me los arrojaba. Mi culpa era inmensa. Me llené de llanto. Le rogué hasta la punta de las trenzas, que ya terminara con tanto desprecio.
Mi padre vendría a rescatarme de un momento a otro. Ese pensamiento era mi consuelo. A mi padre no le importaba la billetera abultada de Oleson, le bastaba con vernos sonreír a mí y a mis hermanas. Me hubiera gustado torcer la pluma y contar la historia que nos encontrase en vestidos más ajustados, portaligas, de juerga más seguido, visitando alguna que otra tabernita once in a while...
Pero me mandaron de maestra: esa habrá sido mi segunda pesadilla,
en vez de pollo ¡niños!
arrojados al aula como si yo hubiese tenido la idea de parirlos.
Lo que me cuesta cada conversación con esos aprendices de súper burgueses, ¡insolentes!
no saben nada de no morder más que pan y tomar sopa insulsa,
tienen moños de mil colores para elegir toda la infancia.

Aquí estoy señora Oleson! Le hubiese dicho…venga a verme cuando quiera, sí, soy la regenta de este burdel, Nellie es la puerta 8! Le hubiera durado lo deforme en la cara hasta hoy día…Ah! No podrá venir, no podrá hacerlo: su hora ha pasado, o peor, no pasa nunca. Voy a la verdulería y pienso en ella, cada vez que una vieja abre su bocota para espetarle al mundo su cosmovisión atrasadora.
Les queda poco tiempo, pienso casi siempre.

Rescatate, Laura, me gritan los otros pensamientos que se enfrentan a este.
No puedo, o no quiero,
cuando se me sube así la furia incandescente, me ahoga el pecho en el medio de la garganta, como un aire contenido ahí, un rato bien profundo.

Además… estoy grande… con suerte me casaré con un hombre honrado y mi existencia serán muchos días más en esta chismosa aldea, sin sobresaltos.

Mi hermana: ciega y todo, se puso de novia y se casó. Medio afónico estaba el gallo que cantó, porque le tomó un tiempo, pero… se fue de casa.

Yo, en cambio, con esta historia de amor en la cabeza. Sólo en la cabeza. Nos vemos, sí, pero… nunca pasa nada. He perdido la ilusión. Cada baile, todas las piezas se suceden una detrás de la otra para apartarnos a las esquinas opuestas del salón todo el condenado tiempo. Ensayo frases más o menos cursis para contarle en palabras todo esto que ya es …lumbre más lumbre menos… inocultable … ¿No debemos expresar los sentimientos acaso? Y la idea del amor como ese estado de pureza que nos devuelve a la Humanidad, redimidos…? Pocas veces quiero entender que nunca podré decírselo.
-No, Laura, sabes que él ya tiene dueña. Retumba Mery en mi cabeza.
Todas las noches, mi camisón estremecido contra la piel ardiente de sólo pensarle. Los corazones latiendo al borde de salirse de su sitio cada vez, en la mirada. Todos estos años contados en intercambios de frases de amor silenciado. Como un río que corre con fuerza torrencial mientras algunas palabras dulces se posan para que las escuches y nos miremos, acaso sonriamos, y nada más.
Todos los besos guardados debajo de la almohada, los paseos bajo el sol, los almuerzos debajo de los árboles, tu mano en la mía, tu caricia en la mañana mientras arreglo mi pelo frente al tocador…
Esto soy: de la pesadilla al sueño de nunca acabar y ya van...30 años!
¡Invoco para tí la mitad del frío que corre en el instante en que acudes a mí con la mirada!
En estos inviernos me acuesto temprano a esperar al sueño con una novela entre mis manos y a veces escribo. Lo mío es… la narrativa confesional, femenina, caprichosísima.

Derroche en texto de esos abrazos extendidos al vacío, co rru gándome la espalda con las manos mientras sueño que eres tú el que me suspende en el aire.
Estaba eso del truco de arrojar monedas en la fuente para pedir los deseos imposibles, pero… acá hay sólo aljibes.
Sigue la duda de si no te fijas en mí, simplemente, o no lo haces pues sabes que no debes.

Con la esperanza trunca sobre los hombres, digo los hombros, me entrego al descanso. Basta de ensueños, pero...si hasta recuerdo el día en que fui hacia el árbol y con una piedra tallé tu nombre junto al mío. Ahora, es una rama caída.

¿De quién era esa cumbia que dice: Otra, otra noche otra…?

Alzaré una copa de whisky en cuanto pueda…
y a festejar que estoy viva y la intensidad con la que siento, excediendo el yugo de la cotidianeidad, el desamor y la sensualidad que el sistema nos arrebata.

Cierro el clamor de esta madrugada:
no me juzguen de forma tan severa,
habrá menos fiebre
la próxima vez que el cuerpo vaya hasta las palabras.

Pá,

¿hasta cuántas veces es empezar de nuevo?

Sin título

Ay de las palabras que se agolpan en una bocanada que ahoga la garganta y anida el llanto
contenido desde hace no sé bien qué tiempo/

Lo que más me cuesta es saber que está ese día en que deberé nombrarte más allá de mí/
No reconozco a las palabras que van a nombrarte más allá de mí.